¿Qué es la estrella corona de espinas?
La estrella corona de espinas (Acanthaster planci) es una de las estrellas de mar más grandes que existen, pudiendo alcanzar hasta 50 centímetros de diámetro. Se caracteriza por tener un número variable de brazos, normalmente entre 12 y 19, cubiertos de espinas largas, afiladas y venenosas que utiliza como mecanismo de defensa. Precisamente por esta apariencia recibe el nombre de “corona de espinas”.
Además de su aspecto, esta especie destaca por su biología. Su estómago puede llegar a ser hasta diez veces más grande que el de otras estrellas de mar, lo que le permite alimentarse de forma muy eficiente. También posee una altísima capacidad reproductiva, que aumenta con el tamaño del individuo: una hembra de 30 centímetros puede producir alrededor de 15 millones de huevos, mientras que una de 50 centímetros puede llegar a generar hasta 120 millones.
La presencia de esta especie fue documentada por primera vez en 1957, en la isla meridional de Okinawa. Desde entonces, se la reconoce como uno de los principales depredadores de coral en diversas regiones del Indo-Pacífico, donde puede provocar un impacto significativo en los arrecifes cuando sus poblaciones aumentan de forma descontrolada.
Dónde vive y por qué es tan diferente a las demás estrellas
La estrella corona de espinas se encuentra en numerosos arrecifes tropicales del Indo-Pacífico, como la Polinesia Francesa, el mar Rojo y la Gran Barrera de Coral. Es una especie especialmente interesante por la gran variabilidad de sus poblaciones a lo largo del tiempo: puede pasar años con densidades bajas y apenas perceptibles y, de forma repentina, experimentar un crecimiento explosivo.
Estos aumentos masivos, conocidos como brotes poblacionales, suelen estar asociados a cambios ambientales, como el exceso de nutrientes en el agua, que favorece la supervivencia de sus larvas, o la disminución de sus depredadores naturales. Cuando se producen, se consideran uno de los fenómenos más destructivos para los arrecifes coralinos, debido a su intensa actividad depredadora sobre los corales.
A ello se suma su extraordinaria capacidad reproductiva. La corona de espinas presenta una de las tasas de fecundación externa más elevadas entre los invertebrados marinos. Además, posee una notable capacidad de regeneración: si pierde un brazo o sufre daños durante intentos de extracción, puede sobrevivir y regenerar las partes perdidas. En determinadas condiciones, incluso es posible que fragmentos de su cuerpo den lugar a nuevos individuos, lo que complica aún más su control.
Relación con los corales
Esta estrella de mar es una depredadora especializada en corales duros, especialmente de especies de crecimiento rápido como Acropora y Pocillopora. Se alimenta de una manera muy peculiar; extiende su estómago fuera del cuerpo y digiere directamente el tejido vivo del coral. Después de alimentarse, deja zonas blancas conocidas como “feeding scars”, que favorecen el crecimiento algal, y dificulta que el arrecife se recupere.
Durante los brotes, miles de estrellas pueden alimentarse al mismo tiempo, causando una mortalidad coralina rápida y extensa. Un solo ejemplar de tamaño medio puede devorar 478 cm² de coral vivo por día, y en general, la corona de espinas puede ser responsable de entre el 37 % y el 99 % de la disminución de la cubierta de coral vivo en los arrecifes afectados.
¿Por qué es un problema para los ecosistemas marinos?
Los brotes de la corona de espinas pueden reducir la cobertura de coral de más del 40 % a menos del 5 % en apenas unos años. Esta pérdida masiva provoca que el arrecife pierda su estructura, dejando menos refugio y alimento para muchas especies y reduciendo la biodiversidad. Además, hace que los arrecifes sean menos resistentes a otros problemas medioambientales, como ciclones o el calentamiento del agua.
Cuando esto ocurre, el arrecife deja de estar dominado por corales y queda cubierto principalmente por algas, escombros y arena. Las especies que dependen directamente de los corales, como los peces coralívoros (por ejemplo, los peces mariposa) o los invertebrados que viven dentro de los corales, se ven gravemente afectadas y pueden desaparecer. Mientras tanto, las algas aumentan y compiten con los corales por el espacio, dificultando aún más la recuperación del arrecife.
¿Puede afectar a los humanos?
La corona de espinas no ataca a las personas de forma activa, pero puede ser peligrosa si la tocamos. Sus espinas contienen toxinas que pueden causar dolor intenso, inflamación, náuseas e incluso infecciones si algún fragmento de espina queda clavado en la piel. Por eso, nunca se deben tocar y siempre hay que usar protección adecuada en zonas donde es común.
¿Qué se está haciendo para controlarla?
Para controlar la corona de espinas se utilizan varias estrategias combinadas. Lo primero es vigilar los arrecifes, especialmente en las zonas más profundas, para detectar cualquier aumento de su población a tiempo. También se pueden retirar manualmente los ejemplares o usar inyecciones especiales que ayudan a reducirlos de manera controlada. Otra medida importante es proteger a sus depredadores naturales, que ayudan a controlar la población de estas estrellas de mar.
El arrecife a través del tiempo:
Esta secuencia muestra como la depredación de la corona de espinas, puede transformar por completo un arrecife. Cuando un arrecife es atacado por estas estrellas de mar y pierde gran parte de sus corales, se debilita, y si luego enfrenta otros cambios ambientales, como ciclones, olas fuertes o el calentamiento del agua, le resulta mucho más difícil recuperarse y volver a su estado original.
Por qué proteger los arrecifes importa
Los arrecifes de coral son el hogar de más del 25 % de la vida marina, además de proteger las costas y apoyar a las comunidades que dependen de ellos. Conocer el papel de la estrella corona de espinas nos recuerda que los arrecifes son ecosistemas vivos y muy delicados, que pueden cambiar rápidamente si se alteran. Cuidarlos significa prevenir daños, vigilarlos y actuar a tiempo. Cada acción cuenta, porque proteger los arrecifes no solo salva corales y peces, sino también el futuro de los océanos y de las personas que dependen de ellos.


